Ir al contenido principal
Dios Padre Madre
Dios Padre Madre
  • DIOS PADRE MADRE
  • Información
  • Contacto

> LA PALABRA

27 de junio de 2028

¡Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo!…

1.- Oración Introductoria.

Señor, qué bonita la expresión de aquel centurión: “No soy digno de que entres en mi casa”. Es una fórmula que repito todos los días antes de comulgar; pero puede convertirse en una fórmula vieja, fría, carente de sentido. Lo que hace que esta fórmula esté siempre viva y agrade a Dios es la fe. No una fe gastada, al estilo de los judíos del tiempo de Jesús, sino una fe joven, sincera, confiada y comprometida, al estilo del Centurión. Dame, Señor, esta fe.  

2.- Lectura reposada del evangelio Mateo 8, 5-17

En aquel tiempo, entrando Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos. Jesús le dijo: Yo iré a curarle. Replicó el centurión: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: «Vete», y va; y a otro: «Ven», y viene; y a mi siervo: «Haz esto», y lo hace. Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Y dijo Jesús al centurión: Anda; que te suceda como has creído. Y en aquella hora sanó el criado. Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Este evangelio me hace pensar.  La alabanza espontanea de Jesús a la fe nueva y joven del Centurión, un pagano, un hombre rechazado por los judíos, me descubre la fe que agrada a Dios, la que le provoca admiración. Y esa fe vieja y cansina de los judíos, de puros ritos externos; de menudear plegarias teniendo el corazón lejos de Dios, le provoca nauseas. “Porque no eres ni frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca” (Apo. 3,16). La fe farisaica, la fe del sacerdote y el levita que bajan del templo y pasan de largo ante un hombre que yace en el suelo medio muerto al borde del camino, no agrada a Dios. La fe sencilla del samaritano que se detiene ante ese hombre que sufre, y le ofrece su vino y su aceite; y él mismo le monta en la cabalgadura y le paga al posadero, ésa agrada a Dios. Jesús nos dice que no podemos ir a Dios dando rodeos al hombre. Jesús alaba la fe del centurión porque éste cuida a su criado, lo trata como persona, y disfruta de poder recuperarlo sano. La suegra de Pedro, tan pronto como ha sido curada, se pone a servir. La religión de Jesús nos humaniza, nos pone al servicio de los demás, nos hace sensibles ante el dolor y sufrimientos de nuestros hermanos. Y esta es la fe que agrada al Padre.

Palabra del Papa

“Cuando somos nosotros solos los que encontramos al Señor, somos nosotros –digámoslo, entre comillas – los dueños de este encuentro; pero cuando nos dejamos encontrar por Él, es Él quien entra en nosotros, es Él el que vuelve a hacer todo de nuevo, porque esta es la venida, lo que significa cuando viene Cristo: volver a hacer todo de nuevo, rehacer el corazón, el alma, la vida, la esperanza, el camino. Nosotros estamos en camino con fe, con la fe de este centurión, para encontrar al Señor y, sobre todo, ¡para dejar que Él nos encuentre! Pero se necesita un corazón abierto ¡para que Él me encuentre! Y me diga aquello que Él quiere decirme, ¡que no es siempre aquello que yo quiero que me diga! Él es Señor y Él me dirá lo que tiene para mí, porque el Señor no nos mira a todos juntos, como una masa. ¡No, no! Nos mira a cada uno a la cara, a los ojos, porque el amor no es un amor así, abstracto: ¡es un amor concreto! De persona a persona: el Señor persona me mira a mí persona. Dejarse encontrar por el Señor es precisamente esto: ¡dejarse amar por el Señor! (Cf Homilía de S.S. Francisco, 2 de diciembre de 2013, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este evangelio ya meditado. (Silencio)

5.- Propósito: Al comulgar le diré a Jesús: No soy digno de que Dios entre en mi casa; pero entra dentro, porque estando fuera, me muero de frío.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Dios mío, por estas bellas enseñanzas que me haces cada día. Hoy te pido vivir de fe; no de la fe de los fariseos, los separados, los que se creían santos y despreciaban a los demás. Quiero vivir de la fe del Centurión que se preocupó de su siervo; de la fe del samaritano, que se ocupó y preocupó de un hombre que estaba medio muerto, sin preguntarle de dónde era, de dónde venía, ni qué religión practicaba; de la fe de la suegra de Pedro que, tan pronto como fue curada, se puso al servicio de los demás

> Hoy, el reto del amor es prestarme a servir

Hola, buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

LLAMADA PARA SERVIR

Ayer, hacia el final de la oración, estaba esperando “la llamada”. Así que cogí mi telefonillo interno, lo puse en silencio y me lo dejé en el halda para responder enseguida. En este caso no se trataba de la llamada del Señor... ¿o quizá sí?

El monasterio es tan grande que, desde hace unos años, venimos utilizando unos teléfonos internos que han sido un regalo para poder estar siempre disponibles. Los utilizamos sobre todo para llamarnos entre nosotras, sin tener que buscar a una hermana por todo el monasterio.

Pues bien, en aquel mismo instante de la oración, el Señor me regaló descubrir que todas las llamadas que recibo de mis hermanas son llamadas para servir: una hermana que me solicita para prestarle ayuda; otra a la que se le presenta una dificultad en la tienda; otra que me avisa de los turnos de otros cuidados; o, sencillamente, para dar un paseo.

¡Cómo me gustó que el Señor me iluminara esto! Al descubrirle a Él, el corazón se dispone de otra manera, con una apertura distinta. Y es que saber que es el Señor mismo quien está detrás lo cambia todo.

“El que quiera servirme, que me siga; y donde esté yo, allí también estará mi servidor” (Jn 12, 26).

El Señor es como esa hoguera encendida; su Fuego es el Espíritu Santo. Y cuando Él nos llama a cualquier cosa, ya sea grande o pequeña, nos está dando la fuerza y la gracia para poder llevarla a cabo. Al responderle con un “sí”, es como si echáramos “más leña al fuego”: la leña de nuestro corazón, para que Él la convierta en su Fuego. Servir es, al mismo tiempo, llevar su Fuego y dejarse prender aún más por Él. Y, viéndolo así, ¿quién no quiere más de Él?

Hoy, el reto del amor es prestarme a servir. Su llamada es muy clara en los momentos importantes, pero cada día entrena nuestro oído mediante pequeños servicios. Que, como el profeta, podamos decirle: “Yo iré, Señor; envíame”. Hay más del Señor para ti, ¿quieres?

VIVE DE CRISTO

¡Feliz día!

> ARTE Y FE

Las reliquias de San Juan Southworth,

Catedral de Westminster,

Reliquias expuestas en la nave de la catedral de Westminster

© Foto de Fr. Lawrence (Paul) Lew, O.P., vía Flickr, tomada el 15 de junio de 2017,

Reflexión sobre las reliquias

San Juan Southworth fue un sacerdote católico inglés y mártir cuya vida se caracterizó por un valor, una compasión y una fidelidad extraordinarios durante uno de los períodos más difíciles de la historia de la Iglesia en Inglaterra. Nacido en Lancashire en 1592, viajó a Douai, en Francia, para formarse como sacerdote y fue ordenado allí en 1618. A continuación, regresó en secreto a Inglaterra, plenamente consciente de que su sacerdocio podía costarle la vida. Durante más de tres décadas, Southworth atendió a los católicos de Londres y sus alrededores. Se hizo especialmente conocido por su cuidado de los pobres, los enfermos y los abandonados. Durante los brotes de peste, cuando muchos huían de la ciudad, él se quedaba atrás para atender a los que sufrían. Arrestado varias veces por ser sacerdote, en 1654 fue llevado ante el Old Bailey. Cuando le preguntaron si era sacerdote católico, podría haberlo negado y haberse salvado la vida. En cambio, profesó abiertamente su sacerdocio católico. Eso selló su destino. Fue condenado y ejecutado en Tyburn el 27 de junio de 1654.

Cada año, en junio, coincidiendo con las ordenaciones diaconales y sacerdotales de la Diócesis de Westminster, las reliquias de San Juan Southworth se exponen en un lugar destacado de la Catedral de Westminster para que el público pueda venerarlas. Esto es mucho más que una simple conmemoración histórica. La Iglesia presenta ante sus ordenandos y fieles no solo el recuerdo de un hombre valiente, sino un testimonio vivo de lo que realmente significa el sacerdocio. Southworth nos recuerda que el diaconado o el sacerdocio consisten principalmente en el servicio abnegado, la fidelidad a Cristo y el testimonio público. El valor inquebrantable de Southworth recuerda a los ordenandos que el auténtico sacerdocio siempre tiene un precio, pero que este precio se ve recompensado con creces en la alegría de servir a Cristo.

Su presencia en la catedral de Westminster también transmite un mensaje más amplio a todos los fieles que acuden a rezar. En una época en la que a menudo se prima la comodidad, el confort y el interés propio, las reliquias de San Juan Southworth nos recuerdan que la santidad a la que todos estamos llamados tiene un alto precio, y que la fe es algo por lo que vale la pena sacrificarse. Beatificado en 1929 y canonizado en 1970 por el papa Pablo VI como uno de los Cuarenta Mártires de Inglaterra y Gales, San Juan Southworth sigue siendo uno de los símbolos más poderosos de la perseverancia católica en Inglaterra. Sus reliquias, consagradas en la catedral de Westminster (traídas aquí a la catedral en 1930), siguen proclamando el mismo mensaje que proclamaron en Tyburn hace casi cuatro siglos: que vale la pena vivir por Cristo, servirle y, si es necesario, morir por él.

>Y ESTABA SUJETO A ELLOS

El evangelio apunta a la vida. Y, por eso, dice cosas que nos ayudan a vivir con humanidad.

Leemos en el texto de este domingo que Jesús ESTA SUJETO A ELLOS, a sus padres en su villorrio de Nazaret. Es otra manera de hablar de la encarnación de Jesús: se somete a la autoridad de sus padres (en aquella época en que tal autoridad no se cuestionaba). Acatar la indiscutible autoridad paterna era aceptar la autoridad de Dios.

Eran otros tiempos. Hoy se emplea entre padres e hijos una autoridad de la igualdad, difícil, más valiosa, sin duda. Aunque también tiene su lado cuestionable: nos quejamos, con frecuencia, de que se ha perdido la autoridad de padres y maestros. Muchos se preguntan cómo recuperar esa autoridad y qué puede aportar la fe cristiana a ese asunto.

  • Autoridad que se entrega: quien quiera recuperar la autoridad ha de entregarse a la causa de sus hijos. Ser padre, bien lo sabéis, es una vocación que demanda una entrega continua. Hacer dejación de tal entrega degenera en un peligroso “coleguismo”.

  • Autoridad que se da: hay padres/madres que trabajan mucho para que nada falte a sus hijos. Pero les cuesta dar tiempo, preocupación, interés, dedicación. Dan pero no se dan. Así es difícil acercarse al corazón del niño.

  • Autoridad que acompaña:para lo que es preciso hacer un fuerte acopio de paciencia, de flexibilidad y empatía.

Es bueno preguntarse si la fe puede aportar algo a esta tarea. Pues sí. Además de la carga de valores humanos que contiene, la espiritualidad puede ayudar a configurar el corazón de la persona. Muchos hijos de hoy no siguen el camino creyente, religioso, de sus padres. Paciencia y coherencia. Paciencia para respetar su ritmo de vida. Coherencia para no desdecir con nuestras obras lo que afirmamos con nuestras palabras.

Ahora que en verano hay más tiempo para la lectura, habríamos de volver a leer aquel viejo poema de Kalil Gibrán, profundo y discutible, que se titula “Tus hijos no son tus hijos”:

Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida,
deseosa de sí misma.

No vienen de ti,
sino a través de ti,
y aunque estén contigo,
no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos,
pues ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas,
porque ellos
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar,
ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerles semejantes a ti,
porque la vida no retrocede

ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual tus hijos,
como flechas vivas,
son lanzados.
Deja que la inclinación,
en tu mano de arquero,
sea para la felicidad.

>Los cinco primeros minutos

No es fácil tomar el tren en marcha ni coger el hilo de una conversación ya iniciada, ni situarse en el proceso de un discurso del que no se ha oído el comienzo.

Si soy invitado a casa de unos amigos, me las arreglo para no llegar después del aperitivo.

Si asisto al teatro, me gusta estar acomodado antes de que suba el telón, ambientarme en mi butaca, en la sala, con el resto del público que está a mi alrededor.

Si voy al cine, echo pestes contra los que pasan por delante de la pantalla y me impiden ver la primeras imágenes de la película.

Si voy a un concierto, me gusta oír cómo el primer violín da el "la", cómo todo se organiza y cómo se pasa de la cacofonía al silencio y del silencio a la música.

Si conecto la televisión para escuchar el telediario, me molesta perderme el resumen inicial de las noticias más importantes del día (los titulares). O que, mientras las intento escuchar, otros hablen y me impidan enterarme.

En todas partes, siempre, cuando hay diversas personas que se reúnen para formar asamblea y para llevar a cabo algo que aprecian, es muy importante el primer momento, los primeros cinco minutos.

A todos los aficionados les gusta llegar al estadio de fútbol con antelación al inicio del partido y vivir el ambiente.

¿Y en nuestras iglesias? En nuestras iglesias suele suceder todo lo contrario. La gente llega tarde, se empieza sin silencio, como si no importara lo que se hace y se dice.
¡Bienaventurada la iglesia en la que todos los bancos están ocupados unos minutos antes del inicio de la Misa!

>JOSÉ MARÍA PEMÁN: VIDA Y OBRA

José María Pemán y Pemartín (Cádiz, 8 de mayo de 1897 – Cádiz, 19 de julio de 1981) fue uno de los escritores, poetas, dramaturgos, ensayistas, periodistas y oradores más destacados de la literatura española del siglo XX. Dotado de una extraordinaria facilidad para la palabra escrita y hablada, cultivó prácticamente todos los géneros literarios y llegó a ser una de las figuras intelectuales más influyentes de la España de su tiempo. Su obra, profundamente inspirada por el humanismo cristiano, la tradición cultural española y el amor a la lengua castellana, continúa siendo objeto de estudio por su calidad literaria y por la influencia que ejerció en la vida cultural del país.

Nació en una familia acomodada de Cádiz, donde transcurrieron sus primeros años. Desde niño mostró una gran inclinación por la lectura y una notable sensibilidad literaria. Cursó sus estudios con los padres escolapios y posteriormente se trasladó a Sevilla para estudiar Derecho en la Universidad de Sevilla. Aunque obtuvo la licenciatura y ejerció brevemente la abogacía, muy pronto comprendió que su verdadera vocación era la literatura y el periodismo, actividades a las que dedicaría toda su vida.

Su carrera literaria comenzó en la década de 1920 con la publicación de poemas y artículos en periódicos y revistas. Pronto llamó la atención por la elegancia de su estilo, el dominio del idioma y la claridad de su pensamiento. Su poesía, de inspiración clásica, se caracteriza por la musicalidad, el gusto por las formas tradicionales y una profunda dimensión espiritual. En ella aparecen con frecuencia temas como la fe cristiana, el amor a España, la naturaleza, la familia y la esperanza. Entre sus obras poéticas más conocidas se encuentran De la vida sencilla, Las flores del bien, A la rueda, rueda y Poema de la Bestia y el Ángel, donde combina la belleza formal con una intensa reflexión moral y religiosa.

Sin embargo, fue en el teatro donde alcanzó una enorme popularidad. Sus obras fueron representadas durante décadas en los principales escenarios de España e Hispanoamérica. Destaca especialmente El divino impaciente, considerada una de las mejores piezas del teatro religioso español del siglo XX. En ella recrea la vida de San Francisco Javier, misionero jesuita, presentándolo como ejemplo de entrega, valentía y fidelidad al Evangelio. Otras obras importantes son Cuando las Cortes de Cádiz, La Santa Virreina, Cisneros, Callados como muertos y Julieta y Romeo. Su teatro combina historia, psicología, espiritualidad y un lenguaje de gran riqueza literaria.

Además de poeta y dramaturgo, Pemán fue un brillante periodista. Durante más de cincuenta años publicó miles de artículos en diarios y revistas, donde abordó temas de actualidad, historia, política, educación, religión, literatura y costumbres. Su estilo periodístico, siempre elegante y accesible, le permitió llegar a un público muy amplio. Muchos de sus artículos destacan por su fino sentido del humor, su capacidad para la reflexión y su habilidad para explicar asuntos complejos con sencillez y profundidad.

Como ensayista escribió numerosas obras dedicadas a la historia de España, la cultura, la educación y el pensamiento cristiano. Defendía la importancia de la formación intelectual y moral de la persona, convencido de que la cultura debía estar al servicio del bien común. Consideraba que la literatura tenía una misión educativa y humanizadora, capaz de despertar en el ser humano el amor por la verdad, la belleza y la justicia.

Su prestigio intelectual fue reconocido con su ingreso en la Real Academia Española en 1939, donde ocupó el sillón K. A lo largo de su trayectoria desempeñó también responsabilidades de gobierno dentro de la institución y colaboró activamente en la defensa y promoción de la lengua española. Fue, además, conferenciante muy solicitado tanto en España como en diversos países hispanoamericanos, donde sus intervenciones despertaban gran interés por la brillantez de su oratoria.

El pensamiento de José María Pemán estuvo profundamente marcado por su fe católica y por una visión humanista de la sociedad. Defendió la importancia de la familia, la educación, la tradición cultural y los valores cristianos como fundamentos de la convivencia. Al mismo tiempo, su participación en la vida pública durante algunas de las etapas más convulsas de la historia de España ha hecho que su figura sea objeto de análisis y debate entre historiadores e investigadores, quienes distinguen entre su notable legado literario y el contexto político en el que desarrolló parte de su actividad.

A lo largo de su vida recibió numerosos reconocimientos por su aportación a la cultura española. Fue distinguido con importantes premios y condecoraciones y gozó de una enorme popularidad como escritor y conferenciante. Su dominio del idioma, su extraordinaria memoria y su facilidad para la improvisación hicieron de él uno de los grandes oradores españoles del siglo XX.

José María Pemán falleció en Cádiz el 19 de julio de 1981, a los ochenta y cuatro años de edad. Con su muerte desaparecía una de las voces más representativas de la literatura española contemporánea, pero permanecía una obra inmensa que abarca poesía, teatro, ensayo, narrativa, artículos periodísticos y discursos.

Su legado literario sigue siendo una referencia para quienes valoran la riqueza de la lengua española y la tradición humanista cristiana. Obras como El divino impaciente, sus colecciones de poesía y sus innumerables artículos periodísticos continúan leyéndose y estudiándose por la elegancia de su estilo, la profundidad de su pensamiento y la belleza de su expresión. José María Pemán ocupa un lugar destacado entre los grandes escritores españoles del siglo XX, no solo por la amplitud de su producción literaria, sino también por su capacidad para unir cultura, fe, historia y compromiso con la palabra.

>PERDER Y ENCONTRAR LA VIDA  

Mateo parece recoger, en este texto, una serie de aforismos, no tanto provenientes de Jesús, cuanto creados por su propia comunidad. Entre ellos, llama especialmente la atención la paradoja que plantea acerca de perder/encontrar la vida.

En una forma escueta, podría explicarse de este modo: perdemos la Vida cuando nos identificamos con —y nos reducimos a— la vida, es decir, cuando confundimos nuestra personalidad con nuestra identidad, cuando absolutizamos el yo, ignorando nuestra verdad profunda.

Justamente en eso consiste nuestra ignorancia primera y radical: la ignorancia original a la que se refería el reconocido antropólogo Claude Lévi-Strauss cuando escribía: “El ser humano se piensa separado. Este es el verdadero pecado original que empuja a la humanidad a la autodestrucción”. Otro modo de expresar nuestra paradoja: la identificación con el yo conduce a nuestra autodestrucción; encontramos la Vida en la medida en que somos capaces de ver más allá del yo.

La Vida no es algo que tenemos; es lo que somos. Lo que “tenemos” es únicamente una forma concreta, temporal e impermanente, en la que la Vida que somos se expresa y despliega. La existencia pasa; la Vida permanece. En el camino para reconocer y vivir el paso de una a la otra, contamos con la luz de nuestro Anhelo profundo, la guía certera que nos trae a la verdad de lo que somos.

>LOS REDENTORISTAS

Los Redentoristas, cuyo nombre oficial es Congregación del Santísimo Redentor (C.Ss.R.), son un instituto religioso misionero de la Iglesia Católica fundado con el propósito de anunciar el Evangelio y hacer presente el amor redentor de Cristo, especialmente entre los pobres, los abandonados y quienes viven alejados de la fe. Desde su origen han destacado por su intensa labor misionera, su dedicación a la predicación popular y su profunda confianza en la misericordia de Dios.

La congregación fue fundada el 9 de noviembre de 1732 por San Alfonso María de Ligorio en la pequeña localidad de Scala, cerca de Nápoles, en el sur de Italia. San Alfonso (1696-1787) había sido un brillante abogado antes de abandonar una prometedora carrera para responder a la llamada de Dios al sacerdocio. Durante su ministerio descubrió la enorme pobreza material y espiritual de las gentes del campo, que apenas recibían atención pastoral. Convencido de que la Iglesia debía acercarse a los más necesitados, creó una comunidad de misioneros cuya misión principal fuera anunciar la Buena Nueva de Jesucristo allí donde otros no llegaban.

El carisma de los Redentoristas se resume en el anuncio de la abundante Redención realizada por Jesucristo. Su objetivo no es solamente transmitir conocimientos religiosos, sino ayudar a las personas a experimentar el amor misericordioso de Dios y a descubrir que nadie está excluido de su salvación. Por ello, desde sus comienzos han dirigido su actividad hacia los sectores más pobres y olvidados de la sociedad, realizando misiones populares, atendiendo parroquias, santuarios, hospitales, cárceles y comunidades rurales o marginadas.

La espiritualidad redentorista tiene como centro a Jesucristo Redentor, contemplado como el Salvador que entrega su vida por toda la humanidad. Los Redentoristas ponen un acento especial en la misericordia divina, convencidos de que Dios es un Padre que busca constantemente al pecador para ofrecerle el perdón y la reconciliación. Esta visión marcó profundamente la vida y la enseñanza de San Alfonso, quien renovó la teología moral de su tiempo alejándose tanto del rigorismo excesivo como de la permisividad, proponiendo una moral basada en la verdad, la caridad y la confianza en la gracia de Dios.

Otro aspecto esencial de su espiritualidad es la contemplación de la Encarnación del Hijo de Dios. Los Redentoristas veneran especialmente el misterio de Belén, donde Cristo se hace cercano a los hombres compartiendo su pobreza y su condición humana. Asimismo, contemplan la Cruz como la máxima expresión del amor redentor de Dios y consideran la Eucaristía como el centro de la vida cristiana y de toda acción evangelizadora.

La Virgen María ocupa un lugar privilegiado dentro de la espiritualidad de la congregación. Su advocación más querida es Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, cuyo famoso icono fue confiado a los Redentoristas por la Santa Sede en 1866 con el encargo de difundir su devoción por todo el mundo. Gracias a esta misión, la imagen del Perpetuo Socorro se encuentra hoy presente en miles de iglesias y santuarios de todos los continentes.

Desde el punto de vista doctrinal, los Redentoristas siguen fielmente las enseñanzas de la Iglesia Católica y del Magisterio. Promueven una sólida formación cristiana basada en la Sagrada Escritura, la Tradición y los sacramentos. Han contribuido especialmente al desarrollo de la Teología Moral, disciplina en la que San Alfonso María de Ligorio es considerado uno de los mayores maestros de la Iglesia. En 1871 fue proclamado Doctor de la Iglesia por su extraordinaria aportación a esta rama de la teología, y hoy es reconocido como patrono de los confesores y de los teólogos moralistas.

La actividad apostólica de los Redentoristas es muy amplia. Además de las tradicionales misiones populares, desarrollan una intensa labor pastoral en parroquias, colegios, universidades, seminarios, centros de espiritualidad y casas de retiro. Atienden también medios de comunicación, editoriales, emisoras de radio, publicaciones religiosas y proyectos de evangelización digital. En muchos lugares trabajan junto a personas migrantes, comunidades indígenas, enfermos, presos y familias en situación de vulnerabilidad.

Con el paso de los siglos, la Congregación ha experimentado una notable expansión. Actualmente está presente en más de ochenta países repartidos por Europa, América, África, Asia y Oceanía. Sus miembros desarrollan su misión en naciones como Italia, España, Portugal, Polonia, Alemania, Irlanda, Francia, Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, México, Brasil, Argentina, Chile, Perú, Bolivia, Colombia, Venezuela, Filipinas, India, Vietnam, Corea del Sur, Japón, Australia y numerosos países africanos. Aunque el número de religiosos ha disminuido en algunas regiones de Europa, la congregación continúa creciendo en diversas Iglesias de África y Asia, donde las vocaciones son especialmente numerosas.

En España, los Redentoristas llegaron en el siglo XIX y desde entonces han desempeñado un papel muy destacado en la evangelización. Han sido especialmente conocidos por las misiones populares, la atención de parroquias y santuarios, la promoción de la devoción a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, la pastoral juvenil, la dirección de ejercicios espirituales y la formación cristiana. También han impulsado numerosas publicaciones religiosas y centros educativos.

A lo largo de su historia, la Congregación del Santísimo Redentor ha dado a la Iglesia numerosos santos y beatos. Entre ellos destacan, además del fundador, San Clemente María Hofbauer, considerado el segundo fundador por extender la congregación por Europa Central; San Gerardo Mayela, patrono de las madres gestantes y de la maternidad; San Juan Neumann, obispo y gran evangelizador de los Estados Unidos; San Gaspar Stanggassinger, educador y formador de jóvenes religiosos; y el Beato Pedro Donders, misionero que dedicó su vida al servicio de los enfermos de lepra en Surinam.

El lema de la Congregación, tomado del Salmo 130, expresa perfectamente su identidad y su misión: «Copiosa apud Eum Redemptio», que significa «En Él hay abundante Redención». Esta frase resume la certeza de que el amor de Cristo es más fuerte que el pecado y que toda persona, sin excepción, está llamada a experimentar la misericordia, el perdón y la esperanza que brotan del Evangelio. Por ello, los Redentoristas continúan siendo, casi tres siglos después de su fundación, una de las grandes congregaciones misioneras de la Iglesia, comprometida con el anuncio de Jesucristo Redentor y con el servicio a los más necesitados.

*RICOS Y PODEROSOS EN LA BIBLIA

La Biblia presenta numerosos personajes ricos y poderosos. Algunos utilizaron su riqueza y autoridad para servir a Dios y al prójimo, mientras que otros cayeron en la idolatría, la injusticia o la opresión. La Sagrada Escritura no condena la riqueza en sí misma, sino el apego desordenado a los bienes materiales, el abuso del poder y la falta de solidaridad con los pobres. La riqueza es considerada un don que conlleva una gran responsabilidad moral.

En el Antiguo Testamento encontramos figuras de extraordinaria prosperidad económica. Abrahán, padre del pueblo de Israel, poseía grandes rebaños, siervos y abundantes bienes (Gn 13,2). Sin embargo, supo poner su confianza en Dios antes que en sus riquezas y fue modelo de fe y obediencia.

Isaac, hijo de Abrahán, heredó una importante fortuna y la hizo crecer gracias a las bendiciones recibidas del Señor. También Jacob, tras años de trabajo junto a Labán, llegó a poseer numerosos rebaños y una gran familia, siendo considerado uno de los hombres más ricos de su tiempo.

Entre los personajes más prósperos destaca Job, presentado al comienzo del libro que lleva su nombre como un hombre inmensamente rico, dueño de miles de ovejas, camellos, bueyes y asnos. La pérdida de todos sus bienes y su posterior restauración enseñan que la verdadera riqueza consiste en la fidelidad a Dios y no en las posesiones materiales.

José, hijo de Jacob, llegó a ser el segundo hombre más poderoso de Egipto después del faraón. Gracias a su sabiduría administró las reservas de grano durante los años de abundancia y salvó de la hambruna tanto al pueblo egipcio como a su propia familia.

El rey David unificó las tribus de Israel, fortaleció el reino y acumuló grandes riquezas que destinó, en buena parte, a preparar la construcción del Templo de Jerusalén. Su hijo Salomón fue probablemente el monarca más rico y poderoso de la historia de Israel. La Biblia describe su inmensa fortuna, su extraordinaria sabiduría y el esplendor de su corte. Sin embargo, también señala que el exceso de riqueza, el lujo y las alianzas con pueblos paganos terminaron debilitando su fidelidad a Dios.

Otros personajes poderosos fueron los faraones de Egipto, especialmente el que se enfrentó a Moisés durante el Éxodo, símbolo del poder político que se resiste al plan de Dios. Del mismo modo, los reyes de Asiria, Babilonia y Persia, como Nabucodonosor o Ciro, desempeñaron un papel decisivo en la historia de Israel. Mientras Nabucodonosor representa el orgullo de los grandes imperios, Ciro es presentado como un gobernante pagano utilizado por Dios para permitir el regreso de los judíos del destierro.

En el Nuevo Testamento aparecen también personajes ricos y poderosos. Herodes el Grande gobernó Judea con enorme poder político y una gran riqueza. Fue el constructor de importantes ciudades y de la ampliación del Templo de Jerusalén, pero también pasó a la historia por la crueldad atribuida a la matanza de los inocentes narrada por el evangelista Mateo.

Su hijo Herodes Antipas ejerció autoridad sobre Galilea y Perea. Fue quien mandó encarcelar y decapitar a Juan el Bautista y quien interrogó a Jesús durante su Pasión.

Entre las autoridades romanas destaca Poncio Pilato, gobernador de Judea, representante del poder imperial y responsable de dictar la sentencia de crucifixión contra Jesús, aunque reconociera no encontrar culpa en Él.

Los Evangelios mencionan asimismo a varios hombres ricos. El joven rico preguntó a Jesús qué debía hacer para alcanzar la vida eterna. Cumplía los mandamientos, pero fue incapaz de desprenderse de sus muchas posesiones cuando Jesús le invitó a seguirlo. Este episodio muestra cómo las riquezas pueden convertirse en un obstáculo para el seguimiento de Cristo cuando ocupan el lugar que corresponde a Dios.

Muy distinto es el caso de Zaqueo, rico jefe de publicanos en Jericó. Tras el encuentro con Jesús experimentó una profunda conversión y decidió dar la mitad de sus bienes a los pobres y devolver con creces lo que hubiera obtenido injustamente. Su historia enseña que la riqueza puede ponerse al servicio de la justicia y de la caridad.

Otro personaje importante es José de Arimatea, hombre rico y miembro respetado del Sanedrín. Fue discípulo de Jesús y tuvo la valentía de pedir a Pilato el cuerpo del Señor para darle sepultura en un sepulcro nuevo de su propiedad. Su riqueza fue utilizada con generosidad al servicio de Cristo.

Los Reyes Magos, según la tradición cristiana, eran personajes de elevada posición social y económica. Sus regalos —oro, incienso y mirra— simbolizan el reconocimiento de la realeza, la divinidad y la futura pasión de Jesús.

La Biblia también ofrece ejemplos negativos del uso del poder y de la riqueza. El rey Acab y su esposa Jezabel abusaron de su autoridad para apropiarse injustamente de la viña de Nabot, siendo duramente denunciados por el profeta Elías. El rico anónimo de la parábola de Lázaro y el rico vivió rodeado de lujos sin preocuparse del pobre que yacía a su puerta, convirtiéndose en una advertencia contra la indiferencia hacia los necesitados.

Los profetas del Antiguo Testamento, especialmente Amós, Isaías, Miqueas y Jeremías, denunciaron repetidamente a quienes acumulaban riquezas explotando a los pobres, manipulando la justicia o viviendo en el lujo mientras el pueblo sufría. Para ellos, la verdadera grandeza no consistía en poseer mucho, sino en practicar la justicia, la misericordia y la fidelidad al Señor.

Jesús ofrece una enseñanza muy clara sobre la riqueza. No condena a los ricos por el hecho de serlo, pero advierte del peligro de poner el corazón en los bienes materiales: «No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24). También afirma: «¡Qué difícil es que un rico entre en el Reino de Dios!» (Mc 10,23), no porque la riqueza sea mala en sí misma, sino porque puede generar autosuficiencia, egoísmo y olvido de Dios.

La primera comunidad cristiana, descrita en los Hechos de los Apóstoles, ofrece un modelo de solidaridad en el que quienes poseían bienes los compartían libremente con los más necesitados. San Pablo exhorta a los cristianos ricos a ser generosos, humildes y dispuestos a compartir, recordándoles que la verdadera riqueza consiste en las buenas obras (1 Tim 6,17-19).

En definitiva, la Biblia enseña que la riqueza y el poder son dones que deben administrarse con responsabilidad y espíritu de servicio. Cuando se ponen al servicio de Dios y del prójimo, se convierten en instrumentos de bendición; cuando alimentan el orgullo, la injusticia o la indiferencia hacia los pobres, terminan alejando al ser humano del Reino de Dios. El verdadero tesoro, según la enseñanza de Jesucristo, no es el que se acumula en la tierra, sino el que se guarda en el cielo mediante el amor, la justicia y la caridad.

> SI AMAR A DIOS SE OPONE A OTRO AMOR, UNO DE LOS DOS ES FALSO 

La manera de hablar semita, por contrastes excluyentes, nos puede jugar una mala pasada. El evangelio propone, en fórmulas concisas, varios temas esenciales para el seguimiento de Jesús. Todos tienen más alcance del que se puede sospechar.
El que quiere a sus padres más que a mí, no es digno de mí. El amor a la madre y a Dios son realidades de distinta naturaleza; no se pueden comparar. Jesús no pudo decir eso con el significado que tiene para nosotros hoy. El amor a Dios no puede entrar en conflicto con el amor a nadie, y menos con el amor a la madre.
Hay que tener mucho cuidado al hablar del amor a Dios o a Jesús. Creer que puedo amar directamente a Dios es una quimera. Solo puedo amar a Dios, amando a los demás. Jesús no pudo decir: tienes que amarme a mí más que al Hijo. Recordemos: “Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber”.
No existe más amor que el que llega a concretarse en obras. Ahora bien, lo más próximo a cada ser humano son los miembros de su propia familia. La advertencia del evangelio está encaminada a hacernos ver que desplegar a tope esos impulsos instintivos, no garantiza el más mínimo grado de calidad humana. Pero sería un error aún mayor el creer que pueden estar en contra de mi humanidad.
El evangelio no quiere decir, que el amor a los hijos o a los padres sea malo y que debemos olvidarlo para amar a Jesús o a Dios. Pero nos advierte de que ese amor puede ser un egoísmo camuflado que busca una seguridad mayor para el ego, sin tener en cuenta a Dios y a los demás. Ese “amor” es egoísmo amplificado.
El hombre puede poner como objetivo el despliegue exclusivo de su animalidad, cercenando así sus posibilidades humanas. Esto es degradarse en su verdadera ser, al poner su mente al servicio del instinto. Si estamos en esa dinámica y metemos a los demás en ella, estamos “amando” mal, y ese amor se convierte en veneno.
Un verdadero amor nunca puede oponerse a otro amor auténtico. Cuando un marido se encuentra atrapado entre el amor a su madre y el amor a su esposa, algo no está funcionando bien. Uno de esos amores (o los dos) está viciado. Si el amor a Dios está en contradicción con el amor al padre o a la madre, los dos pueden ser falsos.
El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que la pierda, la encontrará. En griego hay tres palabras para decir vida: “Zoe”, “bios” y “psiques”. El texto no dice zoe ni bios, sino psiques. No se trata de la vida biológica, ni de la vida sicológica. No se trataría de dejarse matar, sino de poner tu humanidad al servicio de los demás.
Esto no sería perder nada, sino ganarlo todo. Quien pretenda defender a toda costa su individualidad egoísta malogrará todos los aspectos de su existencia, porque pasará por ella sin desplegar su verdadera esencia. Mi humanidad no responde a una visión egoísta de mi ser, está inextricablemente unida a la de los demás.
La evolución ha permitido al ser humano ir más allá de los instintos y alcanzar conscientemente una meta más alta que no está en contradicción con la biología. Todo lo que le acerca a ese objetivo último le puede causar más felicidad que satisfacer sus instintos. Nada más falso que la lucha entre lo biológico y lo espiritual.
La trampa es quedarnos en el placer inmediato que nos proporciona nuestra biología y perder de vista el bien total del ser humano. Ahí está la causa de tanto desajuste en la conducta humana. Debemos tomar conciencia de que lo que es malo para nuestro verdadero ser, no puede ser bueno bajo ningún aspecto del ser humano.

> Domingo 13, tiempo ordinario: 28 de junio de 2026

"el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí".

INTRODUCCIÓN

         Hace años empleaba yo, en el comentario a este evangelio, palabras como éstas: exigencia, radicalidad, renuncia. Hoy considero que ese lenguaje es inadecuado. Jesús no nos pide que renunciemos a nada, sino que elijamos lo mejor. Si elegimos bien, alcanzaremos la plenitud, dentro de nuestras posibilidades como seres humanos (Fray Marcos).

LECTURAS BÍBLICAS

1ª lectura: 2Re. 4,8-1114-16ª.                         

2ª lectura: Ro.6,3-4.8-11.

EVANGELIO

San Mateo 10, 37-42:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe, recibe  al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.»

MEDITACIÓN-REFLEXIÓN

Este evangelio es difícil de entender si no hemos asistido asiduamente a escuchar las charlas excelentes del amor que nos da Jesús en los evangelios. Nos desorientamos cuando oímos: “El que quiere a su padre, a su madre, a su hijo, a su hija más que a mí no es digno de mí”. ¿Cómo hay que entender estas frases? ¿Acaso Dios es un egoísta que nos reclama todo el amor sólo para Él?  ¿O es un Dios celoso de nuestros amores humanos? ¿Acaso Dios se enfada cuando ve que nos queremos mucho? ¡Todo lo contrario! Por encima de todo hay que mantener que Dios sólo tiene una tarea, una ocupación, una preocupación: que todos nosotros seamos plenamente felices. Dios sabe que no podemos ser felices sin amar y ser amados; y también sabe que no podemos ser plenamente felices si nuestro amor no es auténtico. ¿Qué características tiene este amor del que nos habla Jesús?

1.– ES AMOR GRATUITO, TOTALMENTE DESINTERESADO. En todos los amores humanos, por nobles y grandes que sean, aunque se trate de amores de padres e hijos, se puede colar el GUSANO del egoísmo. Y este gusano mata el auténtico amor. La verdadera vida, la que produce nuestra verdadera felicidad, consiste en el amor. ” Sólo el amor hace que la vida merezca ser vivida: Sólo la ayuda desinteresada a los demás procura la gran alegría de vivir”. (Karl Tillmann).  Este amor gratuito que brota espontáneo como el agua de un manantial; el que da a cambio de nada, el que no exige paga sino que le basta con existir para ser pagado;  este amor que no conoce límites ni fronteras no puede realizarse sin una auténtica muerte al egoísmo personal. Y éste es el que nos dio Jesús muriendo por nosotros en la Cruz. Si el egoísmo y el afán de ser “como Dios” expulsó   a nuestros primeros padres del Paraíso, sólo la muerte a ese egoísmo nos puede llevar a reiniciar la vuelta al paraíso de nuestra plena felicidad.

2.– ES AMOR HUMANO Y AMOR DIVINO INTIMAMENTE UNIDOS. Los dos mandamientos ya estaban en el A.T. Del amor a Dios se habla en Dt. 6,4 “Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas tus fuerzas”.  Y el amor al hermano también estaba en Lev.19,18 “Amarás al prójimo como a ti mismo”. Pero estos dos mandamientos estaban separados, no sólo en libros distintos, sino en la vida real. Se podía amar  a Dios sin necesidad de amar al hermano. La genialidad de Jesús fue el haberlos unido para siempre: (Mc. 12,28-34). El amor a Dios y al hombre son vasos comunicantes. No se pueden dar el uno sin el otro. Por consiguiente, ese amor total que debemos a Dios “con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas”, se lo debemos también a nuestros hermanos. Y este es el  supremo don que Dios nos puede dar. Amar así es estar ya en el paraíso. Si Dios quiere que no nos amemos a medias es porque no quiere para nosotros una felicidad a medias.

3.– ES AMOR DETALLISTA. Un amor vivido así tiene detalles. Detalles por parte de Dios que no deja de sorprendernos cada día. Pero también detalles de los hombres. El evangelio nos habla de un vaso “de agua fría”. Un vaso de agua tibia en verano es como ofrecer una cerveza caliente. El bien hay que hacerlo bien. Y en estos mil detalles de cada día está la esencia de la felicidad de una vida normal y corriente. Dice muy bien esa gran mujer y poeta, Gloria Fuertes: “El voluntariado no ha pintado un cuadro, no ha hecho una escultura, no ha inventado una música, no ha escrito un poema, pero ha hecho una obra de arte”. Y es un arte vivir en el amor, evitando todo lo que hace sufrir a los demás, vivir para agradar, para hacer felices a los demás. El evangelio está hecho de mil detalles conocidos. Nos cuenta San Clemente (tercer Papa) un bonito detalle que viene de la tradición: Jesús, se despertaba de mañana, antes de salir el sol, y se iba a orar. Este dato lo pone (Mc. 1,35) Pues bien, la costumbre de Jesús era tapar bien a los discípulos antes de marchar, para que no se  resfriaran al llegar la madrugada.

«A los pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre» (Mt 26,8-9.11). Aquella mujer había comprendido que Jesús era el Mesías humilde y sufriente sobre el que debía derramar su amor. ¡Qué consuelo ese ungüento sobre aquella cabeza que algunos días después sería atormentada por las espinas! Era un gesto insignificante, ciertamente, pero quien sufre sabe cuán importante es un pequeño gesto de afecto y cuánto alivio puede causar. Jesús lo comprende y sanciona su perennidad: «Allí donde se proclame esta Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en su memoria lo que ella hizo» (Mt 26,13). La sencillez de este gesto revela algo grande. Ningún gesto de afecto, ni siquiera el más pequeño, será olvidado, especialmente si está dirigido a quien vive en el dolor, en la soledad o en la necesidad, como se encontraba el Señor en aquel momento. (Papa León XIV. Dilexit me Números 4 y5).

PREGUNTAS

1.- ¿Caigo en la cuenta de que las cosas más bellas de la vida: el sol, el agua, el aire, el amor…me los da Dios gratis?

2.- ¿Me paro a pensar lo felices que serían las personas con quienes convivo cada día, si les amara con todo mi corazón? ¿A qué espero?

3.- ¿Me preocupa el pensar que una vida sin detalles de amor es una vida triste y aburrida? ¿Por qué no inicio el verdadero camino de mi felicidad?          

Valoración: 4.7505827505828 estrellas
858 votos Ya has votado.
© 2023 DIOS PADRE-MADRE
Con la tecnología de Webador