*EL SAN DE CADA DÍA*
Santos Aquila y Priscila
Los Santos Aquila y Priscila, también conocida como Prisca, forman uno de los matrimonios más admirables y ejemplares de la Iglesia primitiva. Su historia aparece recogida en diversos pasajes del Nuevo Testamento, especialmente en el libro de los Hechos de los Apóstoles y en varias cartas de san Pablo. Aunque los datos históricos sobre ellos son escasos, su testimonio de fe, hospitalidad, trabajo y evangelización ha permanecido como modelo para los matrimonios cristianos y para todos los laicos comprometidos con la misión de la Iglesia.
Aquila era un judío nacido en la región del Ponto, en Asia Menor, mientras que Priscila, cuyo nombre también aparece abreviado como Prisca, era su esposa y colaboradora inseparable en la misión evangelizadora. Ambos compartían no solo el vínculo matrimonial, sino también una profunda fe en Jesucristo y un deseo sincero de poner toda su vida al servicio del Evangelio.
Hacia el año 49 después de Cristo, el emperador Claudio ordenó la expulsión de los judíos de Roma. Como consecuencia de este decreto, Aquila y Priscila tuvieron que abandonar la capital del Imperio y trasladarse a la ciudad de Corinto, en Grecia. Allí continuaron ejerciendo su profesión de fabricantes de tiendas y objetos de cuero, un oficio muy respetado entre los judíos de la época.
En las cartas de san Pablo, Aquila y Priscila son mencionados en seis ocasiones, lo que demuestra el lugar destacado que ocuparon entre sus colaboradores. Resulta especialmente significativo que, en varios de esos textos, el nombre de Priscila aparezca antes que el de Aquila. Muchos estudiosos consideran que este detalle refleja la destacada preparación religiosa, la capacidad de enseñanza y el liderazgo espiritual de Priscila dentro de la comunidad cristiana.
La vida de este matrimonio constituye un verdadero ejemplo de santidad vivida en lo cotidiano. No fueron obispos, sacerdotes ni mártires famosos por grandes hazañas, sino dos laicos que comprendieron que el seguimiento de Cristo podía realizarse plenamente a través del trabajo honrado, la vida familiar, la acogida generosa y el servicio constante a la Iglesia. Supieron convertir su hogar en un lugar de encuentro con Dios, de formación para los creyentes y de apoyo para los misioneros que anunciaban el Evangelio.
La tradición cristiana sostiene que ambos murieron mártires, aunque no existen documentos históricos que permitan confirmar con certeza las circunstancias de su muerte. Sin embargo, la Iglesia los ha venerado desde los primeros siglos como esposos santos que entregaron toda su vida a Cristo y a la evangelización.
Su espiritualidad sigue siendo plenamente actual. Aquila y Priscila recuerdan que el matrimonio cristiano está llamado a ser una verdadera comunidad de fe y de misión. Su ejemplo enseña que el trabajo cotidiano puede convertirse en un camino de santificación, que la hospitalidad es una forma concreta de vivir la caridad y que la familia puede transformarse en una auténtica Iglesia doméstica donde Cristo sea conocido, amado y anunciado.
Por ello son considerados patronos e inspiración para los matrimonios cristianos, los catequistas, los agentes de pastoral y todos los laicos comprometidos con la evangelización. Su vida demuestra que la santidad no depende de realizar obras extraordinarias, sino de vivir con fidelidad el Evangelio en cada circunstancia de la vida.
La Iglesia celebra la memoria litúrgica de los Santos Aquila y Priscila el 8 de julio, recordando a este matrimonio ejemplar que colaboró estrechamente con san Pablo en la difusión del Evangelio y cuya entrega continúa iluminando el camino de las familias cristianas de todos los tiempos.