28 de Mayo de 2026


AMANECE Y ORAMOS

Señor Jesús,
Sumo y Eterno Sacerdote,
hoy quiero darte gracias por el don del sacerdocio,
por aquellos hombres que has llamado
para servir a tu pueblo con humildad y amor.

Gracias por las manos que bendicen,
por las palabras que consuelan,
por los corazones que escuchan,
y por la vida entregada silenciosamente
en favor de los demás.

Haz, Señor, que los sacerdotes
sean reflejo de tu misericordia,
testigos de esperanza,
constructores de paz
y servidores sencillos del Evangelio.

Dales fortaleza en el cansancio,
luz en las dificultades
y alegría en su entrega diaria.
Que nunca les falte la oración,
la confianza en Ti
y el cariño de la comunidad cristiana.

Te pedimos también por las nuevas vocaciones,
para que muchos jóvenes descubran
la belleza de entregarte la vida
al servicio de la Iglesia y de los hermanos.

María, Madre de los sacerdotes,
acompaña siempre su camino
y cúbrelos con tu ternura maternal.

Amén.

 EL SANTO DE CADA DÍA

JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE

La fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, nos invita a contemplar a Jesús como el gran mediador entre Dios y la humanidad. Él no fue sacerdote como los del antiguo templo, que ofrecían sacrificios de animales una y otra vez, sino que ofreció su propia vida por amor. Su entrega en la cruz fue el sacrificio perfecto, definitivo y eterno para la salvación del mundo.

Jesús es sacerdote porque vive completamente unido al Padre y porque entrega su vida por los demás. Toda su existencia fue una ofrenda de amor: curó a los enfermos, acogió a los pecadores, defendió a los pobres, consoló a los tristes y anunció el Reino de Dios. En Él, el amor de Dios se hizo cercano, humano y visible.

La carta a los Hebreos presenta a Cristo como el sacerdote eterno que no necesita entrar en un templo construido por manos humanas, porque Él mismo es el verdadero templo. Su sacerdocio no termina jamás, porque vive para siempre. Por eso los cristianos creemos que Jesús continúa acompañando a su pueblo, intercediendo por la humanidad y alimentando espiritualmente a la Iglesia por medio de la Eucaristía.

Esta solemnidad también nos recuerda la importancia del sacerdocio en la Iglesia. Los sacerdotes están llamados a ser signos de Cristo Buen Pastor, servidores del Evangelio y hombres de oración, cercanos al sufrimiento y a la esperanza del pueblo. La comunidad cristiana está invitada a rezar por ellos, para que vivan con fidelidad, humildad y alegría su misión.

Pero además, todos los bautizados participan de alguna manera en el sacerdocio de Cristo. Cada persona puede ofrecer su vida cotidiana —el trabajo, el dolor, la alegría, el servicio y el amor— como una ofrenda agradable a Dios. Vivir la fe, ayudar al prójimo, perdonar y trabajar por la paz son también formas de unir nuestra vida a la entrega de Jesús.

Contemplar a Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, es mirar a un Dios que no domina desde lejos, sino que se acerca al ser humano, comparte sus sufrimientos y camina con él. Jesús no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida por todos. En Él descubrimos que el verdadero poder está en el amor, en la entrega y en la misericordia.

Que esta fiesta fortalezca la fe de la Iglesia, sostenga a los sacerdotes en su misión y ayude a todos los creyentes a vivir con un corazón más humano, más fraterno y más cercano al Evangelio.