Zaragoza, España 6 de agosto de 2026     Numero:  911

:EL SAN DE CADA DIA

LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR. Esta fiesta celebra el misterio de la vida de Cristo en el que su gloria y divinidad se asoman al tiempo y al mundo, permitiéndonos adivinar su identidad: Dios a la vez que hombre. El hecho nos lo refieren los evangelios. Camino de Jerusalén para sufrir la pasión, Jesús se retiró a un monte alto, el Tabor, con sus discípulos predilectos, Pedro, Santiago y Juan, para orar. Allí se transfiguró, y aparecieron Moisés y Elías, personificación de la Ley y los Profetas del Antiguo Testamento, que hablaban con Jesús de su muerte. Los apóstoles quedaron atónitos. Y oyeron una voz que salía de la nube que los envolvía: «Éste es mi Hijo, el amado, el predilecto, en quien me complazco. Escuchadle». La gloria de la divinidad resplandece en el rostro de Cristo, mientras el Padre lo acredita ante los apóstoles para que lo escuchen.- Oración: Oh Dios, que en la gloriosa transfiguración de tu Unigénito confirmaste los misterios de la fe con el testimonio de los profetas, y prefiguraste maravillosamente nuestra perfecta adopción como hijos tuyos, concédenos, te rogamos, que, escuchando siempre la palabra de tu Hijo, el predilecto, seamos un día coherederos de su gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

ALABANZA A DIOS PADRE POR LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR

Padre Santo, Dios de la luz y de la gloria,
hoy elevamos nuestro corazón para bendecirte,
porque en el monte santo revelaste
la belleza y la divinidad de tu Hijo amado.

¡Bendito seas, Padre de infinita misericordia,
porque en Jesucristo nos has mostrado
el esplendor de tu amor!

Te alabamos porque hiciste resplandecer
el rostro de Jesús como el sol,
y sus vestidos se volvieron blancos como la luz,
anticipando la victoria de la Resurrección
y la gloria eterna preparada para tus hijos.

Te damos gracias
porque llamaste a Pedro, Santiago y Juan
a contemplar un destello del cielo,
para fortalecer su fe
antes del escándalo de la cruz.

¡Gloria a Ti, Padre,
porque en la nube luminosa
hiciste oír tu voz poderosa y llena de ternura:

«Este es mi Hijo amado,
en quien me complazco;
escuchadlo».

Haz que también nosotros
escuchemos la voz de Cristo,
acojamos su Evangelio,
sigamos sus huellas
y vivamos como discípulos fieles.

Padre bueno,
transfigura también nuestro corazón;
disipa nuestras sombras,
vence nuestros miedos,
purifica nuestras intenciones
y revístenos con la luz de tu gracia.

Que, contemplando el rostro de Cristo,
aprendamos a reconocerlo
en los pobres,
en los enfermos,
en los que sufren,
y en cada hermano que necesita
nuestra cercanía y nuestro amor.

Haz que nuestras comunidades
sean reflejo de tu luz,
semillas de esperanza,
escuelas de fraternidad
y testigos de la alegría del Evangelio.

A Ti, Padre eterno,
que nos llamas a participar
de la gloria de tu Hijo,
sea todo honor,
toda alabanza,
toda adoración
y toda acción de gracias,
por los siglos de los siglos.

Amén.