11 de Junio de 2026


*AMANECE Y ORAMOS 

Reconfigurar la vida:

irse contigo siguiendo tus huellas,

no dar importancia a nuestros proyectos y cosas,

cargar con la cruz que nos venga

sin perder la dignidad y la sonrisa.

Reconfigurar la vida:

ponernos en tus manos humanas y divinas,

o al alcance de tu brisa que va y viene

por esos lugares de la historia

tan poco frecuentados y llenos de sorpresas.

Reconfigurar la vida:

aceptar los golpes, marcas y heridas,

pero no arrugarse ni detener el paso;

vibrar menos sin perder la música

y mantener fresca la memoria.

Reconfigurar la vida:

admirar tus surcos y huellas

en nuestra carne vieja y correosa;

abrirse a tus sugerencias

aunque no lleguemos a entenderlas.

Reconfigurar la vida:

jugar al juego que tú jugaste,

partiéndonos en tiras, esquejes o estrellas,

y compartirse con dignidad

dándose en fraternidad.

Reconfigurar la vida:

aceptar como centro, eje y motor

tu Espíritu en nuestra vida;

poner todas las cruces bajo su presencia

y exponernos con esperanza a su brisa.

Reconfigurar la vida:

descubrirnos como flor florecida

-hermosa, perfumada y distinta-;

acercarnos a los otros dignamente

y hacer un jardín para los caminantes.

Reconfigurar la vida:

vivir siendo plenamente en la tierra

aunque la situación sea pasajera;

admirar a las personas

y agradecer la vida.

Reconfigurar la vida:

no malograrla en tonterías,

no conservarla escondida

sino compartirla, sin medida,

gratis y con alegría.

 *EL SANTO DE CADA DÍA

SAN BERNABÉ.

Nació en Chipre, y fue uno de los primeros fieles de Jerusalén. «Hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe», gozó de la confianza de los apóstoles, que lo enviaron a Antioquía de Siria para informarse de la marcha de aquella comunidad cristiana, integrada sobre todo por fieles no judíos, procedentes de la gentilidad. De allí partió para Tarso en busca de Saulo, y en cuanto lo encontró, se lo llevó a Antioquía. Bernabé y Saulo fueron enviados a Jerusalén, para llevar ayuda a aquella iglesia. Al regreso, Bernabé acompañó a Saulo en su primer viaje apostólico por Chipre y Asia Menor. Después estuvieron los dos en el Concilio de Jerusalén, donde explicaron su modo de proceder entre los gentiles. Luego Bernabé volvió a su patria, donde predicó el Evangelio, y allí murió.- Oración: Señor, tú mandaste que san Bernabé, varón lleno de fe y de Espíritu Santo, fuera designado para llevar a las naciones tu mensaje de salvación; concédenos, te rogamos, que el Evangelio de Cristo, que él anunció con tanta firmeza, sea siempre proclamado en la Iglesia con fidelidad, de palabra y de obra. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.