Zaragoza, España 7 de septiembre de 2026     Numero:  938

 EL SAN DE CADA DIA

SANTOS MARCOS CRISINO, ESTEBAN PONGRACZ Y MELCHOR GRODZIECKImártires de Kosice, en la actual Eslovaquia ( 1619).- Marcos nació en Croacia en 1588 de familia noble. Fue alumno de los jesuitas y estudió en la Gregoriana de Roma, donde fue ordenado de sacerdote. Al volver a Croacia ejerció el ministerio pastoral, y en 1619 fue enviado a Kosice. Esteban nació en 1582 de una noble familia húngara. Ingresó en la Compañía de Jesús y, ordenado de sacerdote, se dedicó a diversos ministerios hasta que, en 1619, fue enviado a Kosice. Melchor nació en Silesia (Polonia) el año 1584, de noble familia. Ingresó en los jesuitas y, ordenado de sacerdote, se mostró buen pedagogo, especialmente con los jóvenes de las familias pobres de Praga. En 1618 fue enviado a Kosice. En 1619 Kosice cayó en poder de los calvinistas húngaros, y las nuevas autoridades pidieron la muerte de todos los católicos, pero la mayoría de los calvinistas se opuso a ese exterminio; en cambio, la condena de los tres sacerdotes complació a todos. El 7 de septiembre de 1619, fueron torturados por negarse a abjurar de su fe; luego, Marcos y Melchor fueron decapitados. A Esteban lo dieron por muerto, pero vivió aún veinte horas, en medio de atroces sufrimientos. Juan Pablo II los canonizó en 1995.

Alabanza por los enfermos y el personal sanitario

Señor Jesús, médico de los cuerpos y de las almas,
hoy queremos alabarte y darte gracias.

Te alabamos por tu presencia silenciosa
junto a quienes atraviesan la enfermedad,
por tu mano que sostiene cuando faltan las fuerzas
y por tu luz cuando aparecen el miedo y la incertidumbre.

Bendice, Señor, a todos los enfermos.
A quienes esperan un diagnóstico,
a quienes afrontan una operación o un tratamiento,
a quienes llevan mucho tiempo luchando,
a quienes sienten dolor, soledad o cansancio.
Que nunca les falte una mirada cercana,
una palabra de esperanza
y la certeza de que Tú caminas a su lado.

Te damos gracias especialmente
por quienes hacen de su profesión un servicio a la vida:
médicos, enfermeras, auxiliares, celadores, técnicos,
personal de limpieza, administrativos, investigadores
y todos los trabajadores de nuestros hospitales y centros de salud.

Bendice sus manos, Señor.
Manos que curan, cuidan, acarician y acompañan.
Dales sabiduría para tomar decisiones,
fortaleza en las jornadas difíciles,
paciencia ante el cansancio
y ternura para no olvidar nunca
que detrás de cada enfermedad hay una persona.

Y cuando la medicina no pueda curar,
que nunca falte el consuelo;
cuando no sea posible añadir días a la vida,
que sepamos llenar de amor los días que quedan.

Jesús misericordioso,
quédate junto a cada cama,
entra en cada habitación,
acompaña cada tratamiento
y fortalece a quienes cuidan.

Que nuestros hospitales sean también
lugares de humanidad, esperanza y fraternidad.

Gracias, Señor, por quienes luchan por vivir.
Gracias por quienes dedican su vida a cuidar la vida.
Gracias porque, incluso en medio del dolor,
tu Amor permanece.

Amén.