ALABANZA A LA IGLESIA MISIONERA
Bendito seas, Señor,
por tu Iglesia misionera,
que no se encierra entre muros,
sino que sale al encuentro de cada persona
para anunciar la alegría del Evangelio.
Te alabamos por quienes dejan su tierra,
su familia y sus seguridades
para hacerse hermanos entre otros pueblos,
otras culturas y otras lenguas.
Te damos gracias por los misioneros y misioneras
que anuncian a Jesús no solamente con palabras,
sino compartiendo el pan,
curando heridas, educando a los pequeños,
acompañando a los enfermos,
defendiendo la dignidad de los pobres
y permaneciendo junto a quienes se sienten olvidados.
Bendita sea la Iglesia
que sale a los caminos,
que atraviesa fronteras,
que escucha antes de hablar
y que descubre las semillas de Dios
presentes en todos los pueblos.
Benditos quienes anuncian el Evangelio
desde la sencillez,
sin buscar honores ni reconocimientos,
porque saben que la misión no consiste
en conquistarlo todo,
sino en amar, servir y entregar la vida.
Señor Jesús,
haz de nosotros una Iglesia verdaderamente misionera:
con las puertas abiertas,
las manos dispuestas,
el corazón misericordioso
y los pies preparados para caminar.
Que nunca olvidemos
que cada bautizado es enviado,
cada comunidad está llamada a servir
y cada rincón del mundo
puede convertirse en lugar de encuentro contigo.
¡Alabado seas, Señor,
por tu Iglesia misionera!
Una Iglesia que anuncia esperanza,
construye fraternidad,
siembra paz,
acompaña el sufrimiento
y proclama con su vida:
DIOS NOS AMA.
TODOS SOMOS HERMANOS.
TODOS SOMOS ENVIADOS.
Amén.