Zaragoza, España 4 de septiembre de 2026     Numero:  936

 EL SAN DE CADA DIA

SAN MOISÉS. La Iglesia conmemora hoy a Moisés, profeta, guía y legislador del pueblo de Israel. Nacido en Egipto y depositado en el Nilo para evitar su muerte, fue sacado de las aguas por la hija del faraón, que lo adoptó como hijo. Ya adulto, mató a un egipcio y huyó al desierto, donde se casó con Séfora, hija de Jetró. El Señor se le apareció en la zarza ardiendo, le dijo «Yo soy el que soy» y lo envió al faraón a pedirle la libertad del pueblo hebreo para conducirlo a la Tierra Prometida. Después de las plagas de Egipto, Moisés pudo sacar a su pueblo de aquel país y guiarlo a su tierra, atravesando el mar Rojo y el desierto. En el monte Sinaí, Dios le entregó las tablas de la Ley y se estableció la Alianza entre el Señor y el pueblo elegido. Murió lleno de días y de méritos en el monte Nebo, en tierra de Moab, a las puertas de la Tierra Prometida. En el Nuevo Testamento, Jesús hizo repetidas veces referencia a Moisés, y éste apareció junto con Elías en el episodio de la Transfiguración del Señor.

ALABANZA A LA TERNURA DEL CORAZÓN DE JESÚS

Bendito seas, Jesús,
por la ternura infinita de tu Corazón,
por tu manera de mirar sin condenar,
de acercarte sin imponer,
de escuchar sin cansarte
y de amar sin poner condiciones.

Alabado seas por tu Corazón compasivo,
que se conmueve ante quien sufre,
que toca las heridas del enfermo,
que devuelve dignidad al despreciado
y abre caminos nuevos
a quien creía haberlo perdido todo.

Bendito seas, Jesús,
porque en Ti descubrimos
que Dios no es distancia ni amenaza,
sino Padre cercano, abrazo, misericordia y hogar.

Alabado seas por tu ternura
con los pequeños y los pobres,
con los pecadores y los excluidos,
con quienes lloran en silencio,
con quienes buscan una mano amiga
y con quienes ya no encuentran fuerzas para seguir.

Corazón de Jesús,
enséñanos la revolución de la ternura:
mirar como Tú miras,
escuchar como Tú escuchas,
perdonar como Tú perdonas,
servir sin esperar recompensa
y acercarnos especialmente
a quienes otros dejan al borde del camino.

Haz nuestro corazón semejante al tuyo:
sencillo para acoger,
humilde para servir,
valiente para defender al débil,
misericordioso para perdonar
y suficientemente grande
para que nadie quede fuera.

Cuando el mundo se vuelva frío,
haznos sembradores de ternura.
Cuando crezcan la violencia y el enfrentamiento,
haznos artesanos de paz.
Cuando alguien se sienta solo,
haz que encuentre en nosotros
un reflejo de tu presencia.

Jesús, manso y humilde de corazón,
que nuestra vida anuncie tu ternura.
Que nuestras manos sean tus manos,
nuestra cercanía sea tu abrazo
y nuestro amor haga visible
que Dios sigue caminando entre nosotros.

Bendito, alabado y amado seas,
Corazón de Jesús,
Corazón de ternura infinita,
ahora y siempre. Amén.