ALABANZA A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES
Virgen de Lourdes,
Madre buena y cercana,
hoy levantamos nuestros ojos hacia ti
y te alabamos con corazón agradecido.
Bendita seas, María,
porque en la humilde gruta de Massabielle
quisiste acercarte a Bernardita,
una joven sencilla y pobre,
para recordarnos que Dios
mira con ternura a los pequeños.
Te alabamos, Madre,
porque eres refugio en nuestras dificultades,
consuelo en nuestras lágrimas
y compañía cuando el camino se hace difícil.
Virgen de Lourdes,
Madre de los enfermos,
acércate a quienes sufren en el cuerpo o en el espíritu.
Acompaña al que espera un diagnóstico,
al que afronta una larga enfermedad,
al anciano que se siente solo
y a quien cuida cada día sin descanso.
Que ninguno se sienta abandonado.
Te alabamos por tantas manos
que curan, acarician y acompañan;
por médicos, enfermeros, familiares, voluntarios
y por todos aquellos que convierten
el cuidado de los demás
en una verdadera expresión del amor.
Madre de Lourdes,
cuando nos falten las fuerzas, sostennos;
cuando aparezca el miedo, danos serenidad;
cuando llegue la tristeza, danos consuelo;
cuando perdamos el camino, llévanos hasta Jesús.
No te pedimos una vida sin dificultades,
sino un corazón capaz de confiar.
No te pedimos que desaparezcan todas nuestras lágrimas,
sino que ninguna lágrima sea derramada en soledad.
No te pedimos milagros para escapar de la vida,
sino la gracia de descubrir cada día
el milagro de amar, servir y esperar.
Virgen de Lourdes,
haznos cercanos al que sufre,
sencillos para servir
y humildes para dejarnos ayudar.
Que nuestra presencia sea bálsamo,
nuestras palabras sean esperanza
y nuestras manos estén siempre abiertas
para levantar al hermano caído.
Nuestra Señora de Lourdes,
Madre de la esperanza,
consuelo de los enfermos
y compañera de nuestro camino:
llévanos siempre hacia Jesús
y enséñanos a confiar en el amor de Dios.
Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.
Amén.