

Has oído que se dijo:
‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’.
Parece razonable. Conveniente.
¿Quién sería tan necio como para amar a su enemigo?
Pero yo te digo: ama a tus enemigos,
reza por los que te traten mal.
Haz como el Padre del cielo,
que hace salir el sol
sobre malos y buenos,
hace llover sobre justos e injustos.
Si amas solo a quienes te aman,
¿en qué se nota tu fe?
Es lo mismo que hace cualquiera,
quizás incluso el más egoísta de los hombres.
Si solo te tratas con los que te caen bien,
si solo abres tu puerta a los amigos,
si solo tienes tiempo para los que son como tú,
o los que piensan como tú, ¿qué hay de especial en ello?
Tú ama, hasta la extenuación.
Busca esa perfección,
que es la única que vale.
El amor pleno, generoso, radical.
Ese que descubres en el Padre bueno.
EL SAN DE CADA DÍA
San Heriberto de Colonia.
Nació hacia el año 970. Era hijo del conde Hugo de Worms y se educó en la escuela catedralicia de Worms y en la abadía de Gorza. Otón III de Alemania lo nombró el año 994 canciller suyo para Italia, y cuatro años después para Alemania. El 995 se ordenó de sacerdote y el 999 fue elegido contra su voluntad arzobispo de Colonia. Acompañó al nuevo emperador Enrique II a Roma el año 1004. Renunció a la cancillería y volvió a su diócesis. Iluminó al pueblo y al clero con el ejemplo de sus virtudes, a las que exhortaba en la predicación; en especial cultivó la caridad con los pobres. Murió el año 1021.