Zaragoza, España 2 de septiembre de 2026     Numero:  934

 EL SAN DE CADA DIA

San Agrícola de Aviñón. Nació en Aviñón (Francia) hacia el año 630. Era hijo de san Magno, senador que luego se hizo monje y más tarde fue elegido obispo de Aviñón. Estudió en el monasterio de Lérins, donde recibió la ordenación sacerdotal. Su padre lo llamó para que le ayudara en el gobierno de la diócesis y en el 670 le sucedió como obispo de la ciudad. Fue un pastor celoso, predicador constante de la Palabra de Dios, y cuidó de los pobres y de los enfermos. Murió el 2 de septiembre del año 700.

Santos Alberto y Vito. Fueron monjes en el monasterio benedictino de Pontida, provincia de Bérgamo en Italia. Alberto había sido soldado y, a raíz de las heridas sufridas, dejó las armas, peregrinó a Santiago de Compostela, fundó el monasterio de Santiago en su ciudad natal y lo puso bajo la dependencia de Cluny. Después de un tiempo de noviciado en Cluny, sucedió a su compañero Vito o Guido como superior de Pontida, y allí murió hacia el año 1096. Se desconoce cuándo murió san Vito.

ALABANZA A LA IGLESIA MISIONERA

Bendito seas, Señor,
por tu Iglesia misionera,
que no se encierra entre muros,
sino que sale al encuentro de cada persona
para anunciar la alegría del Evangelio.

Te alabamos por quienes dejan su tierra,
su familia y sus seguridades
para hacerse hermanos entre otros pueblos,
otras culturas y otras lenguas.

Te damos gracias por los misioneros y misioneras
que anuncian a Jesús no solamente con palabras,
sino compartiendo el pan,
curando heridas, educando a los pequeños,
acompañando a los enfermos,
defendiendo la dignidad de los pobres
y permaneciendo junto a quienes se sienten olvidados.

Bendita sea la Iglesia
que sale a los caminos,
que atraviesa fronteras,
que escucha antes de hablar
y que descubre las semillas de Dios
presentes en todos los pueblos.

Benditos quienes anuncian el Evangelio
desde la sencillez,
sin buscar honores ni reconocimientos,
porque saben que la misión no consiste
en conquistarlo todo,
sino en amar, servir y entregar la vida.

Señor Jesús,
haz de nosotros una Iglesia verdaderamente misionera:
con las puertas abiertas,
las manos dispuestas,
el corazón misericordioso
y los pies preparados para caminar.

Que nunca olvidemos
que cada bautizado es enviado,
cada comunidad está llamada a servir
y cada rincón del mundo
puede convertirse en lugar de encuentro contigo.

¡Alabado seas, Señor,
por tu Iglesia misionera!

Una Iglesia que anuncia esperanza,
construye fraternidad,
siembra paz,
acompaña el sufrimiento
y proclama con su vida:

DIOS NOS AMA.
TODOS SOMOS HERMANOS.
TODOS SOMOS ENVIADOS.

Amén.