10 de Junio de 2026


*AMANECE Y ORAMOS 

¿Por qué creer Señor?

Señor, a veces me pregunto por qué creer,
por qué seguir caminando cuando todo parece tan frágil.
Y entonces recuerdo que no hay nada que me haga sentir más vivo
que cuando me dejo caer en el abismo de tu amor.

Un amor inmenso, incontrolable,
que no puedo medir ni contener,
pero que me envuelve, me sostiene y me da vida.
Tu amor, Señor, me alcanza incluso en el silencio,
cuando ya no sé qué decir,
cuando solo puedo estar.

Tú eres ese amor que no pide nada y lo da todo.
El amor que no se agota,
el que da sentido a mis días y esperanza a mi noche.

En un mundo que confunde amar con usar,
que busca sentir pero no entregarse,
Tú me enseñas otro modo:
el de amar de verdad, sin miedo, sin condiciones.

Porque sin amor, Señor, me pierdo.
Sin Ti, me quedo vacío.

Por eso quiero seguirte, Jesús.
Quiero aprender de Ti a mirar a los demás
con ojos que saben ver más allá de la apariencia,
que saben descubrir la belleza oculta,
la historia que cada corazón guarda.

Enséñame a no conformarme con lo fácil,
a encontrar amor incluso en el dolor,
a reconocer tu presencia donde parece que no estás.

Quiero amar como Tú, Jesús.
Quiero abrirte mi corazón para que lo llenes del tuyo.
Quiero que me enseñes a amar como solo Tú sabes hacerlo.

Porque creo, Señor,
que la esperanza del mundo está ahí:
en aprender a amar como Tú.

Amén.

 *EL SANTO DE CADA DÍA

San Asterio de Petra: 

San Asterio de Petra fue un obispo cristiano del siglo IV, recordado por su fidelidad a la fe nicena en una época marcada por intensas controversias doctrinales. Aunque los datos sobre su vida son escasos, su figura ocupa un lugar destacado entre los defensores de la ortodoxia cristiana en Oriente.

Nació probablemente durante la primera mitad del siglo IV. Llegó a ser obispo de Petra, la célebre ciudad excavada en la roca situada en la actual Jordania. En aquella época, Petra era un importante centro comercial y religioso de la provincia romana de Arabia.

San Asterio desarrolló su ministerio episcopal durante los años posteriores al Primer Concilio de Nicea, cuando la Iglesia se encontraba inmersa en la lucha contra el arrianismo. Esta doctrina, promovida por Arrio, negaba la plena divinidad de Jesucristo y provocó profundas divisiones en muchas comunidades cristianas.

Asterio se distinguió por su firme adhesión a las enseñanzas definidas en Nicea, defendiendo que Jesucristo es verdadero Dios y consustancial al Padre. Esta postura le situó entre los obispos que trabajaron por mantener la unidad doctrinal de la Iglesia frente a las corrientes heterodoxas de su tiempo.

Las fuentes históricas indican que participó en diversos acontecimientos eclesiales relacionados con la defensa de la fe nicena. Su nombre aparece vinculado a los obispos orientales que apoyaron la doctrina proclamada por los grandes padres de la Iglesia del siglo IV, entre ellos San Atanasio de Alejandría.

Aunque no se conservan escritos importantes atribuidos con certeza a San Asterio de Petra, su principal legado fue su labor pastoral y doctrinal al frente de la diócesis de Petra. En una época de grandes tensiones religiosas y políticas, contribuyó a consolidar la fe cristiana en una región donde convivían diversas culturas y tradiciones religiosas.

La tradición cristiana lo recuerda como un pastor fiel, comprometido con la verdad del Evangelio y con la comunión de la Iglesia. Su testimonio refleja el esfuerzo de numerosos obispos de los primeros siglos que, sin alcanzar la fama de otros grandes doctores, desempeñaron un papel decisivo en la preservación de la fe apostólica.

San Asterio de Petra es venerado como santo tanto por su fidelidad a la doctrina cristiana como por su entrega al servicio de la comunidad que le fue confiada. Su memoria invita a los creyentes a permanecer firmes en la fe, especialmente en tiempos de dificultad y confusión, siguiendo el ejemplo de quienes supieron defender la verdad con humildad, valentía y espíritu de comunión.

Su figura nos recuerda que la historia de la Iglesia no se ha construido únicamente gracias a los grandes personajes universalmente conocidos, sino también mediante el testimonio silencioso de pastores que dedicaron su vida a anunciar a Cristo y a custodiar el depósito de la fe recibido de los apóstoles.