Dios de la vida, de la justicia y de la ternura infinita,
hoy elevamos nuestra voz y nuestro corazón por todos aquellos
que caminan con pasos cansados por los márgenes del mundo,
por quienes viven expuestos al dolor, al abandono, al miedo
y a la indiferencia de los demás.
Te pedimos por los pobres,
por quienes no tienen un techo seguro,
por los que se acuestan con hambre
y despiertan sin certezas.
Que no les falte el pan,
pero tampoco la dignidad,
ni la esperanza que sostiene el alma
cuando todo parece perdido.
Te pedimos por los niños vulnerables,
por los que crecen sin protección,
por los que conocen la violencia antes que el juego,
por los que han sido silenciados, explotados o ignorados.
Protégelos con tu luz,
rodéalos de manos justas y corazones responsables,
y despierta en nosotros el valor de defenderlos siempre.
Te pedimos por los ancianos,
por quienes se sienten olvidados,
por los que viven en soledad, enfermedad o tristeza.
Que nunca les falte compañía, respeto y cuidado,
y que sepamos honrar la vida que habita en ellos
con paciencia, escucha y gratitud.
Te pedimos por los enfermos,
por quienes cargan dolores visibles e invisibles,
por los que luchan cada día contra el cansancio del cuerpo
y la fragilidad del espíritu.
Dales alivio, consuelo y fortaleza,
y acompaña también a quienes los cuidan
para que no se rindan en el camino.
Te pedimos por los migrantes y desplazados,
por quienes dejan atrás su hogar buscando sobrevivir,
por los que cruzan fronteras con miedo
y son recibidos con rechazo.
Que encuentren refugio, justicia y humanidad,
y que nuestros corazones no levanten muros
donde debería haber puentes.
Te pedimos por las mujeres y los hombres víctimas de violencia,
por quienes viven bajo opresión, abuso o discriminación.
Sana sus heridas profundas,
devuélveles la voz, la fuerza y la libertad,
y haz de nosotros instrumentos de cambio,
capaces de romper ciclos de injusticia.
Dios de misericordia,
no permitas que nos acostumbremos al sufrimiento ajeno.
Sacúdenos la conciencia cuando miremos hacia otro lado,
enséñanos a actuar, a compartir, a acompañar,
a ser presencia viva de tu amor en medio del dolor.
Que esta oración no se quede solo en palabras,
sino que se transforme en gestos concretos,
en decisiones valientes,
en una vida comprometida con los más frágiles.
Amén.
SANTA ESCOLÁSTICA. Lo poco que sabemos de su vida es lo que nos refiere san Gregorio Magno en el libro II de sus Diálogos. Hermana de san Benito, nació de padres aristócratas en Nursia (Italia) hacia el año 480. Desde su infancia, siguiendo las costumbres de entonces, había sido consagrada a Dios y seguramente confiada por sus padres a un monasterio o grupo de vírgenes para ser educada por ellas y vivir luego como ellas. Acostumbraba visitar a su hermano una vez al año y juntos dedicaban la jornada entera a la alabanza de Dios y a coloquios espirituales. Como norma de vida anteponía la caridad y la contemplación pura a las reglas e instituciones humanas, y así lo puso de manifiesto en el último encuentro con su hermano, cuando la fuerza de su oración "pudo más, porque amaba más". Murió hacia el año 547, poco antes que él, y fue enterrada en Monte Casino, en el sepulcro que Benito tenía preparado para sí mismo.