2 de Julio de 2026

AMANECE Y ORAMOS

Pobre Dios

Ojalá, Señor, te llegue mi voz.

Aquí estoy.

Sin grandes palabras que decir.

Sin grandes obras que ofrecer.

Sin grandes gestos que hacer.

Solo aquí. Solo. Contigo.

Recibiré aquello que quieras darme:

luz o sombra. Canto o silencio.

Esperanza o frío. Suerte o adversidad.

Alegría o zozobra. Calma o tormenta.

Y lo recibiré sereno,

con un corazón sosegado,

porque sé que tú, mi Dios,

también eres un Dios pobre.

Un Dios a veces solo.

Un Dios que no exige, sino que invita.

Que no fuerza, sino que espera.

Que no obliga, sino que ama.

Y lo mismo haré en mi mundo,

con mis gentes, con mi vida:

aceptar lo que venga como un regalo.

Eliminar de mi diccionario la exigencia.

Subrayar el verbo ‘dar’.

Preguntar a menudo: «¿Qué necesitas?»

«¿Qué puedo hacer por ti?»,

y decir pocas veces «quiero» o «dame».

Y así sigo, Dios: Aquí,

sin más, en soledad.

En silencio.

Contigo, mi Dios pobre.

> EL SAN DE CADA DÍA

SAN BERNARDINO REALINO. Nació en Carpi, provincia de Módena (Italia), el año 1530, en el seno de una familia acomodada. Estudió primero en su casa, y luego en Módena y Bolonia, donde sacó el doctorado en ambos derechos. Ejerció diversos cargos en la administración civil. El fallecimiento de su prometida le provocó una crisis sobre su vocación. Se trasladó a Nápoles, como lugarteniente del virrey, y allí conoció a los jesuitas. Ingresó en la Compañía de Jesús en 1564 y en 1567 recibió la ordenación sacerdotal. Estuvo trabajando en un colegio de Nápoles hasta que en 1574 lo destinaron a Lecce, donde pasó el resto de su vida. Realizó una muy grande labor apostólica en la ciudad como predicador, confesor y director de las congregaciones marianas, y atrajo a multitud de personas a la vida cristiana. Fue ilustre por su caridad y su benignidad; había despreciado los honores del mundo y se entregó al cuidado pastoral de los presos y de los enfermos, y al ministerio de la palabra y del sacramento de la penitencia. Murió el 2 de julio de 1616.