6 de MARZO de 2026

Mirar el mundo

Que mi mirada, Señor,

sepa ver más allá.

Que descubra Tu amor y tu grandeza

en el latir de cada realidad.

Que me duela el sufrimiento del prójimo,

Y consiga así reconocer en el desconocido

a un hermano a quien abrazar.

Que mis ojos acaricien Tus destellos

que aparecen en mi caminar.

Que sienta tu presencia,

aún en la ceguera y también en la oscuridad.

Que no me quede en visiones

que creen saberlo todo.

Que me duela el mundo,

tanto como te duele a Ti.

Que mire con un corazón compasivo,

como Tú me miras a mi.


EL SAN DE CADA DÍA

 Nació en Barcelona de familia noble hacia el año 1060. Se educó en la escuela catedralicia y en 1093 se ordenó de sacerdote. Sintiéndose atraído por la vida religiosa, ingresó en los Canónigos Regulares de San Adrián de Besós; luego pasó a San Rufo de Provenza, donde fue elegido abad en 1110. Cinco años después lo eligieron obispo de Barcelona, y se entregó al ministerio de la predicación y a la asistencia a los pobres y enfermos. Cuando Tarragona fue reconquistada, el papa le encomendó su sede metropolitana, sin dejar la de Barcelona. Asistió al Concilio Ecuménico I de Letrán el año 1123. Fue legado pontificio en la tarea de reconquista del conde de Barcelona. Visitó Tierra Santa. A la muerte del papa Honorio II, hubo una doble elección, y Olegario prestó su obediencia a Inocencio II. En medio de una intensa actividad eclesiástica y civil, como la mediación entre los reyes de Castilla y Aragón, llevó una intensa vida interior, de alta contemplación, con un profundo sentido de la justicia y una generosa caridad para con los pobres. Murió en Barcelona el año 1136.