AMANECE Y ORAMOS
ORACIÓN PERSONAL DE ACCIÓN DE GRACIAS
Señor Jesús,
hoy vuelvo con el corazón lleno de memoria y gratitud
a aquel tres de junio caluroso,
Solemnidad de Pentecostés,
cuando tu Espíritu descendió sobre mi vida
y me llamaste al sacerdocio.
Han pasado treinta y seis años,
y al mirar el camino recorrido
solo puedo decirte:
gracias.
Gracias por haber confiado en mí
a pesar de mis límites,
de mis fragilidades
y de mis miedos.
Gracias por cada Eucaristía celebrada,
por cada palabra anunciada,
por cada perdón compartido en tu nombre,
por cada enfermo acompañado,
por cada lágrima escuchada
y por cada abrazo recibido.
Gracias por los momentos luminosos
y también por las noches oscuras,
porque incluso en el cansancio
nunca dejaste de sostenerme.
Gracias por tu fidelidad silenciosa
cuando mis fuerzas eran pequeñas.
Gracias porque jamás me abandonaste.
Señor,
tú conoces mi historia mejor que nadie.
Sabes las veces que me sentí débil,
las veces que dudé,
las veces que no entendí tus caminos.
Y, sin embargo,
tu gracia siempre fue más grande.
Hoy no quiero pedir honores ni reconocimientos.
Solo quiero conservar un corazón sencillo,
capaz de seguir sirviendo,
escuchando,
acompañando
y amando.
Renueva en mí el fuego de Pentecostés.
Que nunca se apague la alegría de mi vocación.
Que jamás me acostumbre al altar,
ni a tu Palabra,
ni al milagro de tu presencia en la Eucaristía.
Hazme sacerdote según tu corazón:
humilde con los pobres,
cercano con quienes sufren,
paciente en las dificultades,
y fiel hasta el final.
Te confío también a todas las personas
que han formado parte de estos treinta y seis años:
familiares, amigos, comunidades,
sacerdotes, enfermos, ancianos, jóvenes y niños.
Bendícelos con tu paz.
Y cuando llegue el atardecer definitivo de mi vida,
concédeme la gracia de poder decir,
con serenidad y confianza:
“Señor,
ha valido la pena entregarte la vida.”
Amén.
EL SANTO DE CADA DÍA
SAN FELIPE SMALDONE. Fundador de las Religiosas Salesianas de los Sagrados Corazones. Nació en Nápoles (Italia) el año 1848. Pronto decidió hacerse sacerdote, y en el seminario empezó ya su atención a los sordomudos; su escaso rendimiento académico le impedía llegar al sacerdocio, pero, por su bondad, lo alcanzó en 1871. A partir de entonces se consagró a la catequesis y a los enfermos, si bien su pastoral preponderante era la de los sordomudos, en la que contó con la ayuda de sacerdotes y laicos. En 1885 abrió en Lecce un Instituto para sordomudos. Y allí, con algunas hermanas religiosas que había formado, echó las bases de su Congregación que, sostenida por la autoridad eclesiástica, tuvo una expansión rápida y sólida. Ante las necesidades apremiantes, empezó a hospedar también a niñas ciegas, huérfanas y abandonadas. Fue asiduo confesor y director espiritual de sacerdotes y comunidades religiosas. Murió en Lecce el 4 de junio de 1923. Benedicto XVI lo canonizó en el 2006.