Zaragoza, España 10 de agosto de 2026     Numero:  914

+EL SAN DE CADA DIA

SAN LORENZO. Diácono de la Iglesia de Roma. Según la tradición, era de origen español, concretamente de Huesca. Sufrió el martirio durante la persecución del emperador Valeriano el 10 de agosto del año 258, cuatro días después que el papa Sixto II y sus otros diáconos. Acusado de administrar incalculables bienes, declaró ante los jueces que la única riqueza de la Iglesia eran los pobres, atendidos solícitamente con las limosnas de la comunidad cristiana. Fue condenado a morir a fuego lento en la parrilla, y hasta el último momento puso de manifiesto su entereza y buen humor. Su sepulcro y la basílica a él dedicada se hallan en el Campo Verano de Roma, en el cementerio que luego tomó su nombre, y su culto se difundió pronto en toda la Iglesia.- Oración: Señor Dios nuestro, encendido en tu amor, san Lorenzo se mantuvo fiel a tu servicio y alcanzó la gloria en el martirio; concédenos, por su intercesión, amar lo que él amó y practicar sinceramente lo que nos enseñó. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

ALABANZA A SAN LORENZO

Diácono, servidor de los pobres y mártir de Cristo

Bendito seas, Señor,
por la vida y el testimonio de San Lorenzo,
diácono fiel, servidor generoso
y testigo valiente del Evangelio.

Te alabamos, Padre bueno,
porque hiciste de su vida una ofrenda,
de sus manos un instrumento de caridad
y de su corazón una morada para los pobres.

San Lorenzo comprendió
que el verdadero tesoro de la Iglesia
no estaba en el oro ni en la plata,
sino en los pequeños, los enfermos,
los necesitados y los olvidados.

Cuando le pidieron las riquezas de la Iglesia,
él señaló a los pobres.
¡Ellos eran su tesoro!
Porque había aprendido de Jesús
que cuanto hacemos al más pequeño
a Él mismo se lo hacemos.

Bendito seas, Señor, por San Lorenzo,
hombre de servicio y de fidelidad.

No buscó honores,
no quiso privilegios,
no huyó cuando llegó la persecución.
Permaneció firme,
con la mirada puesta en Cristo
y el corazón lleno de esperanza.

Ni las amenazas apagaron su fe,
ni el sufrimiento venció su confianza,
ni la muerte pudo arrebatarle
la alegría de pertenecer a Cristo.

Como el grano de trigo
que cae en tierra y muere,
su vida entregada produjo fruto abundante.
Su sangre se convirtió en semilla,
su martirio en testimonio
y su memoria en llamada permanente
a vivir el Evangelio con valentía.

San Lorenzo, diácono y mártir,
enséñanos a servir sin esperar recompensa.
Enséñanos a descubrir a Cristo en los pobres.
Enséñanos a compartir lo que somos y tenemos.
Enséñanos a permanecer fieles
cuando llegan las dificultades.

Que sepamos comprender, como tú,
que una Iglesia verdaderamente rica
es aquella que tiene las manos abiertas,
el corazón disponible
y las puertas abiertas para todos.

Ruega por nuestros diáconos,
por quienes sirven silenciosamente,
por quienes atienden a los enfermos,
acompañan a los ancianos,
alimentan al hambriento,
consuelan al que llora
y sostienen al que ha perdido la esperanza.

Y ruega también por nosotros,
para que nunca olvidemos
que seguir a Jesús significa servir,
amar, compartir y entregar la vida.

San Lorenzo,
servidor de los pobres,
testigo de la caridad,
diácono fiel,
mártir de Jesucristo:
ruega por nosotros.

Que nuestra vida pueda decir cada día:

«Señor, aquí están mis manos para servir,
mi corazón para amar
y mi vida para entregarla».

Gloria al Padre,
gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
que sostuvo a Lorenzo hasta el final
y sigue haciendo florecer la santidad
en quienes entregan su vida por amor.

SAN LORENZO, DIÁCONO Y MÁRTIR,
RUEGA POR NOSOTROS.

Amén.