19 de FEBRERO de 2026

      • La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor. (Proverbios 15:1)

Amo, Señor, tus sendas

Amo Señor tus sendas,

y me es suave la carga

(la llevaron tus hombros)

que en mis hombros pusiste;

pero a veces encuentro

que la jornada es larga,

que el cielo ante mis ojos

de tinieblas se viste,

que el agua del camino

es amarga, es amarga,

que se enfría este ardiente corazón

que me diste;

y una sombría y honda desolación

me embarga,

y siento el alma triste

y hasta la muerte triste…

El espíritu es débil

y la carne cobarde,

lo mismo que el cansado labriego,

por la tarde,

de la dura fatiga quisiera reposar…

Mas entonces me miras…

y se llena de estrellas,

Señor, la oscura noche;

y detrás de tus huellas,

con la cruz que llevaste,

me es dulce caminar.


EL SAN DE CADA DÍA

EL BEATO DE LIEBANA

Beato de Liébana fue un monje, teólogo y escritor hispano del siglo VIII, nacido hacia el año 730 y fallecido alrededor del 798. Vivió en el monasterio de Santo Toribio de Liébana, en la actual Cantabria, en un momento histórico marcado por la conquista musulmana de la península ibérica y la formación de los primeros reinos cristianos del norte, como el Reino de Asturias. En ese contexto, Beato desempeñó un papel importante en la defensa de la fe cristiana y en la consolidación cultural del cristianismo en la España medieval.

Su obra más importante es el Comentario al Apocalipsis de San Juan, un texto teológico que interpreta simbólicamente el libro bíblico del Apocalipsis. Para escribirlo, Beato se basó en autores anteriores como San Agustín, San Jerónimo o Ticonio. Esta obra tuvo enorme difusión en la Edad Media y dio origen a los llamados “Beatos”, manuscritos iluminados con ricas ilustraciones que hoy son fundamentales para el estudio del arte románico y mozárabe.

Además, compuso el himno O Dei Verbum, dedicado al apóstol Santiago, contribuyendo a la tradición jacobea y al desarrollo del culto a Santiago en la península.

En conjunto, Beato de Liébana fue una figura clave del cristianismo medieval español: influyó en la teología, en el arte y en la identidad cultural de los reinos cristianos del norte. Su Comentario al Apocalipsis sigue siendo su legado más importante y una de las obras más influyentes de la Edad Media hispana.