
1 de Julio de 2026
AMANECE Y ORAMOS
¡Haznos santos!
Señor, haznos santos,
Como los del cielo
y como los que están en tus altares,
Y se glorían en Dios.
Santos como los grandes de la Iglesia,
Como los eruditos más sabios,
Como los misioneros que no descansan
Y los mártires que testimonian tu amor.
Santos como los familiares que ya se fueron,
Y nos esperan en lo eterno,
Porque vivieron ya sus últimos días,
Con la confianza puesta en Ti, oh Dios.
Santos, sobre todo, “de la puerta de al lado”,
En el servicio discreto junto a los más pobres,
En la sonrisa amable
Y en la dulce conversación.
Santos de día y de noche,
En la universidad y en el colegio,
En el trabajo y en la familia
Y, por supuesto, en el corazón.
Señor, haznos santos,
Que te buscan en todo,
Apóstoles que transparentan tu misericordia,
Pecadores llamados, pero con sana ambición.
Santos para cargar con nuestra cruz,
Y las del mundo, y las de la Iglesia,
Para anunciar en este mundo
El Reino de Dios.
> EL SAN DE CADA DÍA
SANTOS JUSTINO ORONA MADRIGAL Y ATILANO CRUZ ALVARADO. Eran el párroco y el coadjutor de Cuquío (Jalisco, México) y fueron martirizados en el Rancho de las Cruces (Guadalajara) el 1 de julio de 1928. Justino nació en Atoyac el año 1877. Estudió en el seminario de Guadalajara y se ordenó de sacerdote en 1904. Trabajó en diversas parroquias y en 1916 lo nombraron párroco de Cuquío. Fueron años de apostolado fecundo en los que también colaboró con el seminario y contribuyó a la fundación de las Clarisas del Sagrado Corazón dedicadas a recoger niñas huérfanas y pobres. Atilano nació el año 1901 en Ahuetiche de Abajo. Estudió en los seminarios de Totaliche y Guadalajara, y en casas particulares tras el cierre de los seminarios. Recibió la ordenación sacerdotal en la clandestinidad en 1927, y enseguida lo destinaron a Cuquío. Era humilde y celoso.- Encontrándose el párroco en el Rancho, mandó llamar al coadjutor. Estuvieron hablando largamente de la pastoral parroquial y rezaron juntos. A las dos de la madrugada llegaron los soldados y golpearon la puerta. Les abrió el párroco, y lo acribillaron a balazos mientas gritaba: ¡Viva Cristo Rey! Luego balearon al coadjutor en su habitación, mientras rezaba con el crucifijo y el rosario en sus manos.