Zaragoza, España 31 de julio de 2026     Numero:  906

:EL SAN DE CADA DIA

SAN IGNACIO DE LOYOLA. Nació en Loyola (Guipúzcoa, España) el año 1491. De joven permaneció en la corte y se dedicó a la vida militar. Herido en la defensa de Pamplona, tuvo que guardar reposo, y las lecturas piadosas favorecieron su conversión a Dios. Se retiró a Montserrat y Manresa, dando inicio a los Ejercicios espirituales. Viajó a Tierra Santa y luego estudió en Alcalá, Salamanca y finalmente en París, donde reunió a los primeros compañeros, con los que fundó en Roma la Compañía de Jesús. Antes, en Venecia, se ordenó de sacerdote el año 1537. Escribió las constituciones de la Compañía, a la que dio como lema «A mayor gloria de Dios». Fructífero fue su apostolado, por las obras que escribió y por los discípulos que formó, que contribuyeron poderosamente a la verdadera reforma de la Iglesia. Envió a san Francisco Javier a Oriente como misionero. Para que Roma fuera un centro de ciencia eclesiástica, con un plantel de doctores de los que pudiera disponer el Papa, fundó el Colegio Romano, después llamado Universidad Gregoriana. Murió en Roma el 31 de julio de 1556. -Oración : Señor, Dios nuestro, que has suscitado en tu Iglesia a san Ignacio de Loyola para extender la gloria de tu nombre, concédenos que después de combatir en la tierra, bajo su protección y siguiendo su ejemplo, merezcamos compartir con él la gloria del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Alabanza a San Ignacio de Loyola

Señor Dios nuestro,
te alabamos y bendecimos
porque en San Ignacio de Loyola
hiciste brillar la fuerza de la conversión,
la alegría del seguimiento
y la pasión por anunciar el Evangelio.

Te damos gracias
porque transformaste el corazón de un soldado
en el corazón de un peregrino,
capaz de dejarlo todo
para buscar únicamente tu mayor gloria.

Bendito seas
porque le enseñaste a descubrirte
en el silencio de la oración,
en el discernimiento de los espíritus
y en el servicio humilde a la Iglesia.

Gracias por el don
de los Ejercicios Espirituales,
camino de encuentro contigo,
escuela de libertad interior
y fuente de renovación para tantos hombres y mujeres
a lo largo de los siglos.

Te alabamos
por su amor fiel al Santo Padre,
por su obediencia generosa,
por su celo misionero
y por el nacimiento de la Compañía de Jesús,
que ha llevado la luz del Evangelio
a todos los continentes.

San Ignacio,
enséñanos a buscar siempre
la voluntad de Dios
por encima de nuestros intereses.

Ayúdanos a vivir con un corazón libre,
capaz de amar sin reservas,
de servir sin esperar recompensa
y de caminar con esperanza
en medio de las dificultades.

Haz que también nosotros
sepamos encontrar a Dios en todas las cosas,
hacer de nuestra vida una ofrenda generosa
y repetir cada día con sinceridad:

"Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad,
mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad.
Todo mi haber y mi poseer Vos me lo disteis;
a Vos, Señor, lo torno.
Todo es vuestro;
disponed de ello según vuestra voluntad.
Dadme vuestro amor y gracia,
que ésta me basta."

A Dios toda la gloria,
por los siglos de los siglos.

Amén.