EL SAN DE CADA DÍA
SANTA EDUVIGIS. [Murió el 15 de octubre y su memoria se celebra el 16 del mismo mes]. Nació de noble familia en Baviera hacia el año 1174. Era hermana de santa Gertrudis, la madre de santa Isabel de Hungría. Se educó en las benedictinas de Kitzingen y se casó con el príncipe Enrique I de Silesia y de Polonia, futuro duque, del que tuvo siete hijos. Llevó una vida ejemplar de piedad y se dedicó a socorrer a pobres y enfermos, fundando para ellos lugares de asilo. Vio morir a todos sus hijos, excepto una hija, y afrontó tanta tribulación con serenidad y paciencia. Al morir su esposo en 1238, ingresó en el monasterio cisterciense de Trebnitz (Polonia), donde murió el 15 de octubre de 1243. Así resplandeció por su santidad como esposa fiel y solícita, como madre educadora de sus hijos, como duquesa entregada al servicio de los indigentes y, en los últimos años de su vida, como religiosa de vida contemplativa.- Oración: Señor, por intercesión de santa Eduvigis, cuya vida fue para todos un admirable ejemplo de humildad, concédenos siempre los auxilios de tu gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
ALABANZA A SANTA TERESA DE JESÚS
¡Bendito seas, Señor, Dios de la vida y del amor, porque en Santa Teresa de Jesús nos regalaste una mujer extraordinaria, un corazón apasionado por el Evangelio y una vida entregada sin reservas a tu servicio!
Hoy queremos alabarte y darte gracias por esta mujer fuerte, sencilla, alegre y profundamente humana, que supo descubrir tu presencia en medio de las dificultades, las enfermedades, las incomprensiones y los desafíos de su tiempo.
¡Alabado seas, Señor, por Santa Teresa, mujer de fe y esperanza!
Porque no se conformó con una vida cristiana mediocre. Buscó tu rostro, escuchó tu Palabra y comprendió que la verdadera santidad no consiste en aparentar perfección, sino en amar profundamente y dejarse transformar por tu misericordia.
¡Gracias, Señor, por su valentía!
Porque Teresa no tuvo miedo de renovar, de abrir caminos nuevos, de superar obstáculos y de recordar a la Iglesia que lo verdaderamente importante es vivir el Evangelio con autenticidad.
En una sociedad donde tantas veces las mujeres eran silenciadas, ella levantó su voz con inteligencia, libertad interior y una confianza inmensa en tu providencia.
¡Alabado seas, Señor, por su humanidad y su alegría!
Teresa nos enseñó que la santidad no está reñida con la sonrisa, la amistad, el buen humor y las pequeñas alegrías de cada día.
Comprendió que también entre los pucheros, en el trabajo cotidiano, en el encuentro con los hermanos y en los momentos sencillos de la existencia podemos encontrarnos contigo.
¡Gracias, Señor, por su profunda vida de oración!
Porque nos enseñó que orar no es repetir palabras sin corazón, sino cultivar una amistad sincera contigo, hablarte con confianza, escucharte en el silencio y descubrir que nunca caminamos solos.
¡Alabado seas, Señor, por su amor a la Iglesia!
Una Iglesia que Teresa amó profundamente, pero que también quiso más evangélica, más humilde, más desprendida de las riquezas y más cercana al espíritu de Jesús.
Su vida nos recuerda que la fragilidad humana no impide realizar grandes cosas cuando dejamos espacio a tu gracia.
¡Santa Teresa de Jesús, ruega por nosotros!
¡Que nunca nos falte la fe para confiar, la esperanza para caminar y el amor para servir!